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Josemaría Lucas, CFA

7 astronautas muertos. No por falta de datos, sino por elegir MAL qué datos mostrar en un gráfico.

28 de enero de 1986. La noche antes del lanzamiento del transbordador Challenger, los ingenieros de Morton Thiokol detectaron un riesgo real: las juntas tóricas (O-rings) que sellaban los cohetes podían fallar con el frío extremo previsto para la mañana siguiente.

Tenían los datos. Tenían la preocupación correcta. Tenían tiempo para detener el lanzamiento.

Y aun así, no lograron convencer a NASA.

¿Por qué? Porque cometieron un error de visualización de datos que Edward Tufte, el padre de la visualización estadística moderna, calificaría después como un caso de manual de lo que NO se debe hacer.

Los ingenieros presentaron una tabla con solo 7 vuelos: los que habían sufrido daño en las O-rings. Temperaturas entre 53°F y 79°F. Al mirar solo esos datos, los directivos de NASA vieron daño a temperaturas bajas Y altas. "No hay patrón claro", concluyeron.

💥 El error fue de libro: selección sobre la variable dependiente. Descartaron los 17 vuelos sin daño.

Si hubieran incluido los 24 vuelos en un gráfico con temperatura en el eje horizontal, el patrón habría sido brutal:

🔹 Casi todo el daño concentrado en temperaturas bajas
🔹 La gran mayoría de vuelos sin daño, en temperaturas altas
🔹 La temperatura prevista para el lanzamiento: 36°F, muy por debajo de CUALQUIER vuelo anterior

Para rematar, los datos estaban ordenados cronológicamente en vez de por temperatura. El factor crítico quedaba invisible.

73 segundos después del despegue, el Challenger se desintegró.

Los ingenieros tenían la información correcta, pero la presentaron de forma que hacía imposible ver la conclusión obvia.

Los datos no hablan solos. Hablan según cómo los ordenas, cuáles incluyes y cuáles decides ignorar. Y a veces, lo que eliges no mostrar es exactamente lo que habría salvado la decisión.